Mercadona

El presidente y dueño de Mercadona es quizá ya la segunda fortuna de España
con un patrimonio de más de 5.000 millones. Con una alergia a la Bolsa que
sería incomprensible en Wall Street, aumenta un 47% los beneficios y crea
empleo marcando distancias con el poder.
Cualquier analista de JP Morgan, Bank of America o Deutsche Bank, habría
asistido estupefacto el pasado jueves a la presentación de resultados que
hizo el presidente y dueño de Mercadona, Juan Roig. Tuvo lugar, un año más,
en una nave de la panificadora que posee en el polígono industrial
valenciano de Puzol sin ningún glamour. Roig, quinta mayor fortuna de España
según Forbes, compareció rodedado de inquietos directivos ante un mostrador
con tomates y alcachofas y apoyándose en un bolígrafo bic.
Distribuyó una memoria anual sin incluir la, por otra parte parece que
impoluta, auditoría externa de Deloitte; y rechazó tener miembros
independientes en su consejo de administración. «Como decía mi padre, sólo
te pueden dar buenos consejos los que se juegan dinero en ello», zanjó el
magnate valenciano.
Aseguró que en cuanto estalló la crisis en 2008 decidió renunciar a la mitad
de los beneficios y explicó que su política actual de dividendos es no
repartir más del 14% de las ganancias, porque «hay que reinvertir». Y de
esos dividendos, el austero Roig se gasta su parte en fichajes para su
equipo de baloncesto. Salir a Bolsa le da alergia y no necesita a la banca.
Al contrario, maneja 1.800 millones en tesorería golosos de gestionar hasta
para Emilio Botín. Es una empresa insólita para un analista tradicional de
Wall Street, pero muy estimulante para cualquier profesor de Harvard.
Roig representa una rara avis en el deprimente panorama nacional. El jueves
anunció que Mercadona aumentó un 6% sus ventas hasta llegar a 16.485
millones y que ganó un 47% más hasta alcanzar 398 millones. Eso tras pagar
165 en impuestos y repartir 210 entre los trabajadores por haber alcanzado
objetivos.
Los 62.000 empleados que tenía Mercadona en 2009 han pasado a ser 1.500 más
en el año del paro en España. Eso sin contar los empleos que genera entre
las muy exigidas 9.200 pequeñas y medianas empresas que le abastecen de
productos. El 80% del capital que posee en Mercadona vale al menos 5.000
millones aunque hay bancos que lo valoran en más del doble.
Mercadona crece sin salir del triste mercado nacional y sin favores del
poder. Fue la única de los 37 grandes empresas invitadas por Zapatero el
pasado noviembre que no asistió en un gesto que no gustó nada en Moncloa.
Roig fue de los empresarios más críticos con la gestión del líder socialista
en las reuniones de alto nivel para elaborar el informe que coordinó Eduardo
Serra en la Fundación Everis. El jefe de Mercadona irá a Moncloa, si se le
convence de que no es para una foto.
Tampoco se entrega al PP. «Lo peor de la crisis está por llegar» y «2011
tiene una cosa buena, que será mejor que 2012», dijo el jueves. Dos frases
que no han gustado en la calle Génova. «Este tipo de mensajes no facilitan
el cambio que se va a producir con el nuevo Gobierno», afirma un próximo a
Rajoy. Pero para el jefe de Mercadona no es un tema político: «La crisis no
acabará hasta que el nivel de productividad del país corresponda al nivel de
vida del país y eso sólo pasa por recuperar entre todos la cultura del
esfuerzo», sostiene.
Otro rasgo de su autonomía es que el pasado septiembre, el presidente de la
Generalitat , Francisco Camps, invitó a los principales empresarios de la
región a una reunión sin corbata para subrayar que era informal y cordial.
Él marcó distancias y la lució.
No vive del Estado. Los 800.000 euros de subvenciones que recibió en 2010
representan el 0,04% de sus ingresos. La clave para crecer, según Roig, es
«no amuermarse» e innovar. Puso de ejemplo «la genialidad» de Francisco Gil
Comes, proveedor de Castellón que ha logrado que las anchoas ya no vayan
envasadas en cara hojalata, sino en plástico. «Sin descuidar calidad ni
seguridad alimentaria, hemos podido bajar el precio de cada lata en 25
céntimos. Subimos ventas y ahorramos tres millones de euros al año».
Mercadona mantiene su polémica decisión eliminar marcas consagradas de las
estanterías y sustituirlas por Hacendado y otros productos propios más
baratos. El presidente de los empresarios valencianos, José Vicente
González, es de los que suele bromear con Roig sobre que no encuentra sus
marcas preferidas. Y éste le manda a las zonas gourmet de El Corte Inglés,
alegando que sus clientes son los que quieren abaratar compras «sin perder
calidad».
Roig dice que es hora de tomar «decisiones impopulares y molestas» por el
bien de la empresa. Hasta siete veces repitió esta frase que es la que usó
Rubalcaba para justificar la prohibición de circular a más de 110. El dueño
de Mercadona, convencido de que la sociedad civil debe implicarse en el
país, reclamó así reformas serias al Gobierno con la ironía de usar las
propias palabras del vicepresidente. También hizo suya una frase que
pronunció en privado Felipe González ante empresarios valencianos el pasado
21 de enero: «Hay que hacer las malditas reformas necesarias».
¿Y el futuro de Mercadona? Roig está en plena forma a sus 61 años y para su
sucesión no cree en dinastías, sino en méritos. Su primogénita Hortensia se
sentó con naturalidad el jueves en un discreto extremo de la tercera fila y
ella misma dirige la escuela de negocios de la Fundación EDEM que fomenta el
esfuerzo como valor clave.

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